miércoles, 29 de septiembre de 2010

Scramble Kousaten


Las más de trece horas de vuelo le estaban retumbando en la cabeza, pero estaba allí, prueba conseguida se repetía  mientras recogía su maleta de la cinta transportadora. El viaje era importante, la ciudad también lo era y el porqué de aquel cruce no iba a ser menos. Dejó todo en el hostal y salló, aun le quedaba una noche para el encuentro. 

Las mismas cuestiones que se planteó mientras compraba el billete de ida, le volvieron a acechar.. Miedo. Pero ahora era distinto, ahora estaba allí y no había vuelta atrás. Luces, carteles y gente por todas partes Demasiada gente. Estaba anocheciendo, subió a su diminuta habitación. Tenía la cabeza tan saturada que fue incapaz de cenar nada. Mañana es el día. Y si no va bien, no importa, esta ciudad es preciosa, tendré diez días para verla..

Miércoles, 29 de Septiembre en el cruce de Shibuya. 
Justo debajo del árbol, delante del centro comercial Ichimarukyū.





No podía dejar de mirar a todos lados, ¿por dónde llegaría? miró el movil, ya era la hora. Pero no tenía su teléfono grabado, ni siquiera sabía en qué hotel se quedaba. ¿Y si había perdido el avión? ¿y si se había perdido con tanta gente? ¿por qué tuvieron esa absurda idea de encontrarse allí? quizás deberían haber quedado en la plaza que hay en frente de la estación, la plaza Hachiko, donde está la estatua, es el punto de espera más popular de la ciudad, y no hay tanto transito, sólo gente que espera y espera y espera y otra vez el stop para los coches y veloces asiáticos de un lado para el otro.





Desde atrás le atrapan unos brazos frios y suaves: "I'm here" le susurra alguien al oido. Demasiado alta para ser una japonesa, piensa. Desde lejos se ve cruzando a dos extranjeros, ella no para de gesticular para hacerse entender en inglés, él no puede dejar de sonreir.







Y si por casualidad no encontramos, es hermoso. Si no, no puede remediarse, dice F. Perls.

martes, 28 de septiembre de 2010

¡Qué dientes más grandes tienes!

¿Será capaz Caperucita de ser responsable (por una vez) y burlar al maldito lobo? ¡NO! Caperucita debe seguir arriesgándose en su vida, ir sola a ver a su abuelita y quizás algun día incluso conozca un buen lobo con quien tener una charla agradable y quién sabe qué más. Vamos, pequeña ¡estamos contigo!






PD: Puede que gracias al lunes, esté siendo un Gran-Martes :)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Incendios

Le fascina* el hecho de salir a las dos menos diez para ir a comprar tres piezas de pan crujiente, tan recién hecho que se lo dan en una bolsa de papel (marrón) en vez del desagradable plástico. Morder un trocito caliente mientras sube las escaleras. No hay nadie en casa. Sale al balcón. Rayos de sol. En la mesa Las llanuras del transito le tientan ─No es el momento─ piensa, en el reflejo de la puerta se descubre una sonrisa. Vuelve adentro, recoge una sudadera negra que no es suya. Se sienta en la cama deshecha y aprieta con fuerzas la prenda. Aun no es consciente de todo lo que pasó ayer.

       *fascinar.
        (Del lat. fascināre).
         1. tr. Engañar, alucinar.
         2. tr. Atraer irresistiblemente.



Consiste en permitir que todos los sucesos sucedan. Ahora lo escribo yo. Ahora es mio. Arden las sombras. Me encanta jugar con las palabras, pero ahora mismo quiero que me entiendas, tendré que quitarme el disfraz. Sé sincero, no hagas trampas, nadie te mira, sólo tú. Ahora sí, es el momento. Cuántas ganas, cuánta energía. Hay que aprovechar. Arden. Arde. No más anhedonia. Empieza a hacer frio, y es agradable. Abrazos para producir un incendio. Eso es lo que necesito quiero. Lunes martes miércoles jueves viernes sábado y domingo.







─Un melón; un panda malvado; o sandalias con los puntos tsubo; el olor del borrador de la pizarra; la lluvia en domingo. Todo eso… me gusta… me gusta más que este pan.